Media Marathon Ciudad de Buenos Aires

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Aproximadamente unas 14000 personas de 34 nacionalidades diferentes se dieron cita el pasado domingo en la media marathón de la Ciudad de Buenos Aires y yo, decidí apuntarme. Cuando lo hice no pensé que sería una experiencia tan gratificante.
Todo empezó la noche anterior cuando las tres piezas que me acompañaban (Lolismo, Miguelito y Pilot) y yo, decidimos pasar del apetecible plan del sábado noche para comenzar con la concentración previa a la carrera. Agarramos todo lo necesario para el día siguiente, hicimos una compra de lo más sana y nos adentramos en el maravilloso mundo de irte un sábado a las 9 de la noche a la cama. Para tan magno evento, escogimos la residencia de Piloto en Caballito, por sus ya conocidas dotes de anfitrión.
Tuve una sensación rara todo el día. Por un lado me decía a mi misma que no me iba la vida en ello, que no pasaba nada si me rendía antes de terminar y que lo importante era disfrutar (camiseta recuerdo + desayuno descomunal). Otra parte de mi, quería terminar y creía que era posible. Independientemente de cuál fuera el motivo que más pesara, esa noche no dormí ni dos horas. Junto con Pilot y Miguelín vimos la peli INVICTUS, que no se si era por la situación o qué, pero me emocioné más que la primera vez que la vi. Tengo que confesar que se me escapó una lagrimilla en el momento “I am the master of my fate, I am the captain of my soul“. Desde luego, no había mejor prologo para el día que nos esperaba.
A las 05.45 sonó el despertador. Mientras unos se duchaban, otros preparábamos el desayuno: huevos revueltos, tostadas, zumo y cereales, un desayuno completito para aguantar el tirón con la mayor dignidad posible. En el fondo todos pensábamos que teníamos que cuidar extra los detalles como la alimentación o la motivación ya que, ninguno habíamos entrenado lo suficiente. Tras el desayuno, nos pusimos los dorsales y nos montamos en el coche de Pilot (farraneta para los amigos). En el camino, Lola y yo íbamos estirando en la parte de atrás de la farranet, mientras los chicos iban mirando a la gente que salía de los boliches por la J.B Justo. Por primera vez en mucho tiempo eramos nosotros los madrugadores y no los trasnochadores. Llegamos y aparcamos cerca del punto de salida (Figueroa Alcorta y Juan B. Justo) en un parking improvisado por los gorrillas que cuidarían del coche por el módico precio de 30 pesos (OMG!).
Por fin llegamos. Conforme nos íbamos acercando al punto de partida, nos íbamos encontrando a más y más corredores. Una marabunta azul de desconocidos que minutos más tarde nos animarían cual madre a su hijo en la función teatral del cole.
Comenzamos 15 minutos tarde. Nos despedimos con gritos de apoyo, abrazos y miradas de “LO VAS A CONSEGUIR” “TE VEO A LA SALIDA”. Aquí empezó un camino agradable lleno de sorpresas: conciertos, puestos con agua, frutas, gatorade y lo más importante: gente por todos lados gritando tu nombre y muchos TU PUEDES!
Empecé más despacio que el resto, siguiendo el consejo que mi madre me había dado la noche anterior: “no te dejes llevar por la emoción del principio, guarda fuerzas para el final”. Lo bueno de comenzar 15 minutos tarde y ser una persona lenta, es que las calles están vacías y que puedes compartir momentos con personajes celebres como la mujer araña, un clásico de las carreras en Buenos Aires que disfrazada de araña va gritando palabras de aliento a los corredores.
Los primeros 5km ni me enteré. Iba disfrutando muchísimo de la soledad y el fresco de la mañana y del paisaje. Fue durante los primeros cinco kilómetros cuando visualicé mi llegada, sabía y tenía claro que quería terminar la carrera. Para ello, improvisé una técnica que le dio un sentido aún más especial al momento. Pensé en todas y cada una de las personas que he conocido a lo largo de mi vida, una por una. La familia, mis amigos de toda la vida, la gente de la universidad, la gente que conocí en erasmus, los de Northgate, los de Extenda y por supuesto la gente maravillosa que he conocido en Buenos Aires. Me acordé de la primera vez que los vi, de lo que sentí, de lo especiales que son y de lo mucho que me enriquecen. De lo que valoro su amistad y de lo que haría por mantenerla. Se me saltaron las lagrimas mientras avanzaba hacia el obelisco por la Avenida 9 de Julio. Ahí contaba ya el kilómetro 11 y no sentía ni una pizca de cansancio.
Seguimos avanzando camino a la villa (zona chunga). Ahí me dejé distraer por el caos de la villa. Casas construidas al pie de la autovía, callejones estrechos, policía acordonando la carrera, …cuando me di cuenta, ya había avanzado dos kilómetros más! Empezó a dolerme mucho la rodilla y decidí pararme para descargarla. Un microsegundo después tenía a alguien detrás diciendo: “Vamos, que no decaiga” y arranqué con más fuerza todavía.
Me preguntaba asombrada cómo habiendo 14000 personas corriendo, alguien se había fijado en que yo estaba flaqueando…así que decidí animar yo también. En lugar de sacar este torrente de voz que dios me dio (que más que animar habría roto la barrera de sonido), decidí sonreir a mis compañeros. No sabía la causa que les había llevado hasta ahí: si era por afición, si habían sido arrastrados por alguien, si había una historia de superación personal o simplemente, como nosotros, eran unos culillos inquietos. Fuera lo que fuera, quería trasmitirles que estaba orgullosa de ellos y de su esfuerzo.
De la misma manera, centenares de personas nos animaban desde la barrera, gritaban nuestro nombre y nos dedicaban frases de ánimo que llegaban de verdad. El paso por la autovía que pasa por la villa terminó en el kilómetro 15. Daba comienzo entonces la última parte de la carrera y el paisaje más feo de todos, el recinto industrial Costa Salguero. Fueron 3 km aproximadamente de fábricas e instalaciones portuarias que se me hicieron más largas que todo lo anterior junto. Otra vez, gracias a la gente y a mi musiquilla, superé la prueba sin mucho esfuerzo.
Y por fin, llegó la recta final. Los gritos de ánimo de la gente se intensificaban más y más, bandas de música, y corredores que ya habían terminado y volvían a sus casas con medalla y cara de satisfacción incluida, hacían que mis ganas de terminar fueran inmensas. Al llegar, 2 horas y 20 minutos después, solo quería encontrar a alguien conocido o desconocido que quisiera darme un abrazo! y ahí estaba pilotisho!! me lancé a el cual liebre ratonera para celebrar que había terminado, y con mucha dignidad, mi primera media marathon!!! yuhu!!!
Mereció la pena la noche sin dormir y las agujetas del día siguiente. Mereció más la pena haberlo compartido con vosotros: Lola, Miguel, Alex, Raúl y los 14000 desconocidos que debieron pensar “¿Quién es la loca esta que me sonríe?”. Mereció la pena porque  uno se da cuenta de lo importante que es la gente que le rodea, de lo que se agradece una mirada cómplice y una palabra de ánimo en un momento difícil y sobre todo, de lo genial que es superar un reto.ImagenImagenImagen

Las señoras argentinas

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El segundo post d mi blog ha buscado su inspiración en las señoras argentinas. Todo ha empezado a las 5 de la tarde del día de hoy, cuando al salir del trabajo, he sido víctima del cuarto día del paro del subte y me he visto obligada a enlatarme en el maravilloso colectivo 152, al que algún día  dedicaré un post.

Con la mirada perdida, me disponía a abstraerme del mundo, cuando he sido distraída por una señora que casi es atropellada por una motocicleta cuando cruzaba la calle por un sitio que no debía. Segundos después el motorista ha lanzado un improperio a la señora, que ha avanzado sin decir ni mu hasta encontrar un sitio salvo. Con una cara entre el “casi muero” y el “todo el mundo me mira”, ha seguido su camino. De repente, cuando todo parecía haber vuelto a la normalidad, la señora se ha dado la vuelta y ha empezado a correr en dirección contraria hasta detenerse en un punto desde el que ella ha considerado que el motorista podía escucharla. Le ha devuelto el improperio y ha reiniciado su camino con la cara mucho más relajada. Lo que puede parecer un acto aislado y sin importancia, refleja el día a día de la señora argentina, cuyo lema de vida es: “si no lo digo, reviento”.

Quizás os preguntaréis cómo es una señora argentina. La señora argentina es  resultona, elegante y con algún que otro rayo uva. A diferencia de las señoras de otros países, la señora argentina suele ser delgada. En cuanto al peinado, no suelen llevar el corte David Lynch como las señoras españolas, por lo general tienen el pelo largo y estilo moderno. La señora argentina tipo es rubia.

La identificarás fácilmente en el supermercado, cuando al escuchar tu acento español y mientras discutes con tu compañera de piso sobre qué champú escoger, te interrumpa con su vocecilla dulce y a la vez chirriante diciendo: “De dónde sos?” En ese momento dará comienzo una distendida charla de aproximadamente dos minutos de duración, en la que se repasarán dos temas clave: el típico familiar que toda señora argentina tiene en España y la famosa crisis. Porque otra cosa no, pero las señoras argentinas están a la última en macroeconomía.

En resumidas cuentas, la señora argentina adora la charla y no se muerde la lengua, si tiene algo que decir, lo dice! así que, a ellas va dedicado este post!

Las botas de agua

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Mi primer post va dedicado a las botas de agua. Mucha gente (tirando por lo alto) se preguntará…¿porqué un 2 de agosto te pones a hablar de las botas de agua? La razón es clara: es mi primer dos de agosto en invierno y no lo llevo muy bien. Mientras mi mente está en el buffet libre de paella del chiringuito de la Playa de Burriana en Nerja, mi cuerpo está lidiando con las bajas temperaturas bonarenses y las lluvias invernales.

A pesar de esto, mi positividad sin límites me hace ver una luz a final de cualquier tunel. La luz que veo al final de este tunel son las BOTAS DE AGUA (de colores eso si).

Maya Angelou dice que se puede decir mucho de una persona por la manera en que se enfrenta a un día lluvioso. Yo digo que si, pero que unos lo tienen más fácil que otros. Para mi, nacida en la Andalucía más profunda, el que llueva o no puede cambiar mi estado de ánimo. Ahora, gracias a las maravillosas botas de agua, la cosa es diferente…

Este original complemento tiene una doble función en la sociedad: la de la impermeabilidad, conocida por todos y la de alegrar los días lluviosos a la gente de secano como yo.

De lunares, de flores, o de colores llamativos! todo vale! es como si las reglas del decoro hicieran una excepción los días de lluvia! Si te presentas en la oficina con unas botas estrambóticas, todo el mundo las acepta e incluso te dicen: “son relindas”.

Por no hablar de las numerosas prestaciones que tienen: saltar sobre los charcos, andar sobre el terreno mojado o pisar las aceras bonarenses sin miedo a llenarte de barro!

En fin, yo no se vosotros, pero yo lo veo claro: pon unas botas de agua en tu vida y olvidate!

Fracaso inicial

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Bueno, visto el fracaso de mi proyecto inicial (escribir mes a mes qué iba aconteciendo en mi aventura al otro lado del charco), he decidido:

1. Pedir perdón a mis followers (Mr. WordPress y mi prima Lourdes) por dejar de lado una iniciativa tan bonita.
2. Cambiar la idea del blog y en lugar de escribir sobre cada cosa/viaje/experiencia que tenga lugar en Buenos Aires (cosa que me estresa y me impide disfrutar plenamente), voy a escribir sobre aquellas cosas que me llaman la atención y que me alegran la existencia. Pequeñas cosas que me alegran la vida.

Espero que disfrutéis!

Hello world!

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